Nuestro país probablemente no vaya a resolver sus problemas gane Kamala Harris o Donald Trump. Ninguno de los dos tiene en mente ayudarnos porque no deberían. No es su problema salvar a Nicaragua, sino gobernar a los Estados Unidos.
Pero hay un gran servicio que una renovada administración Trump puede darle a la derecha nicaragüense. Trump nunca antes ha calado tanto entre las personas comunes como en esta nueva campaña y su victoria es la victoria de una clase de derecha que pocas veces vemos, aunque con desesperanza la necesitamos.
La derecha aburrida con la cháchara constante de derechos inventados, la derecha harta del menosprecio a los jóvenes varones con ambición, la derecha que no acepta los consensos fabricados a puerta cerrada en universidades y oenegés, la derecha que todavía cree que podemos llegar más allá de la modernidad que nos han inculcado.
El fenómeno de Donald Trump es intraducible a la política nicaragüense. No estamos en condiciones, ni tampoco necesitamos, una figura parecida para resolver nuestros problemas. Si se sobrepone sobre las demás la alternativa liberal democrática una vez caído el sandinismo, entonces nos hará falta un Trump, pero no antes.
El servicio vital que le rinde a la derecha nicaragüense, y a la de todo el mundo occidental, es el de abrir la puerta a futuros líderes con una retórica tanto o más nacionalista que la suya. Le enseña a nuestra cansina derechita que la gente no quiere ya más charla de civismo, sino acción.
Trump manda el mensaje: se puede romper con el consenso liberal y plantarle cara a las facciones que por tanto tiempo han dado por hecho tener el Mandato del Cielo. Incluso si él no es una luminaria de un tercerposicionismo renovado (más bien, es un viejo demócrata de los ’90), a sus contrincantes eso les resulta indiferente. A sus ojos, Trump es Hitler, Mussolini, Franco y hasta Somoza.
Muy a nuestro pesar, el destino de Nicaragua sigue profundamente ligado al del lamentable imperio construido por los blancos anglosajones protestantes hace ya más de un siglo. Aún con las críticas que expresamos hacia el modelo republicano estadounidense, podemos alegrarnos por el pueblo americano si logra Trump anteponerse a las fuerzas que han intentado, a través del fraude descarado, anular su proceso electoral.
Y a los cientos de miles de nuestros compatriotas viviendo en tan grande imperio, sólo podemos desearles lo mejor. Sabemos que, si Trump vuelve, muchos deberán regresar a un país que no está en la mejor de las condiciones. Confiamos, sin embargo, que estando en casa podrán hacer más por los suyos al margen de la tiranía sandinista.
